
Ahora me queda todo el tiempo libre. Pero ya para qué. Me digo que para vivir; pero no me lo creo. Lo cierto es que el futuro siempre fue para mi como un traje demasiado ajustado, como un traje que parece no ser mio.
Quizás soy tonta, pero no quiero imponerme otra forma de vida también equivocada. Prefiero apostar por el aburrimiento como forma de energía, como motor central. Porque se me ha ocurrido ultimamente que lo contrario del aburrimiento no es la diversión, sino la excitación. Aburrirse es contrastar las circunstancias de hoy con otras que parecieron más gratas y que nos asaltan a través del recuerdo o de la imaginación.
Ahora renuncio a los lujos llamativos; prefiero la vida sencilla, los alimentos naturales; soy minimalista, tiendo hacia el confortable cero. Ya mas que tragar con todo, empiezo a vomitar. ¿Por qué va a depender mi vida de una sociedad a la que , en el fondo y en la forma, he despreciado siempre?. Que toda experiencia débil, sea cual sea, hay que tirarla al cubo de la puta basura. No al de la orgánica; al de los vidrios rotos.
Antes de terminar hoy, quiero dejar una cosa clara: lo que mas odio de este asqueroso mundo es la melancolía. Soy propensa a ella. Mucho más que a la mala educación.





