
Hoy me he despertado mas guerrera que nunca, que ya es decir. Necesitaba un cambio. Que todas las cosas constantes de mi vida dejasen de serlo.
Me he levantado de la cama justo al amanecer y comencé a darle vueltas a mi plan. Tiene que ser algo grande que impactase tanto en mi vida, que casi no me reconociese en ella.
Todo lo que venia a mi mente terminaba en sangre y no creo que ese tipo de cambio fuese el correcto... Y con este calor tampoco es para ponerme violenta.
Tenía que ser una revolución estratégica. Más ideológica. Pero para esto necesito gente y en verano nadie está por la labor.
Estaba sola, pero no me importaba. Rápidamente me quité el pijama (que no es indumentaria para una revolución seria) y me puse manos a la obra.
Y aquí estaba yo, sola frente al cambio necesario. La soledad de la revolucionaria se hizo conmigo. Me estaba costando más de lo esperado. La carga era tal que enseguida empecé a flaquear. No sabía yo que esto de revolucionar costara tanto.
Desilusionada por mi ya conocida inconstancia, conseguí por fin... cambiar de sitio mi sofá frente al televisor.

